Equidad y liderazgo femenino en el agro: el desafío clave para avanzar hacia un sector más sostenible

27-11-2025

En Chile, el agro se abre paso hacia modelos más sostenibles y con mayor foco en el capital humano, pero aún arrastra una deuda significativa: la equidad de género.


Aunque las mujeres han sido parte esencial del trabajo agrícola por generaciones, su presencia en cargos de liderazgo y su acceso a recursos productivos continúan rezagados. Esta desigualdad refleja barreras estructurales que aún frenan la construcción de un sector más justo y preparado para los desafíos climáticos y sociales actuales.


Según la FAO, las mujeres representan el 36% de la fuerza laboral en los sistemas agroalimentarios de América Latina y el Caribe, pero enfrentan desigualdades profundas en acceso a tierra, financiamiento, tecnologías y representación. En Chile, esa realidad toma un matiz particular: si bien alrededor del 22% de la fuerza laboral agrícola está compuesta por mujeres, su participación en puestos estratégicos sigue siendo baja, dificultando la incorporación de miradas diversas y sostenibles en la toma de decisiones.


El desafío no es menor. De acuerdo con la FAO, la región es la única del mundo donde ha aumentado la participación femenina en actividades agrícolas en las últimas dos décadas, pero ese crecimiento no se traduce aún en mayor acceso a recursos ni en influencia en los procesos productivos. “Necesitamos políticas públicas transformadoras que promuevan el empoderamiento económico de las mujeres rurales en toda su diversidad, reconozcan sus múltiples roles en la producción, comercialización y el cuidado, y aseguren su acceso igualitario a recursos, servicios y participación”, señaló Maya Takagi, Líder de Programa Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, durante el lanzamiento del informe “La situación de las mujeres en los sistemas agroalimentarios: Un enfoque regional para América Latina y el Caribe”.


Además, persiste una brecha relevante en condiciones laborales: según la CEPAL, en 2023 las mujeres de la región ganaron en promedio 17% menos que los hombres por el mismo trabajo, y dedican entre el doble y el triple de tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Esta carga adicional limita su inserción plena en la actividad económica y su acceso a espacios de decisión.


Innovación, redes y empoderamiento: el aporte sostenible del liderazgo femenino


Más allá de las cifras, las mujeres están impulsando transformaciones significativas en el agro. Su enfoque integrador, que combina producción, sostenibilidad y bienestar comunitario, ha favorecido la adopción de prácticas responsables como la diversificación de cultivos, el manejo ambiental y la agricultura orgánica. “Las mujeres tienden a tener una visión integral del agro, considerando no solo la productividad, sino también la sostenibilidad y el bienestar de las comunidades rurales”, plantea la Dra. Carolina Lizana, Decana de la Facultad de Ciencias Agrarias y Alimentarias de la Universidad Austral de Chile.


Las organizaciones también han asumido un rol clave en la reducción de brechas estructurales. Un ejemplo es la Asociación Mujeres del Agro de Chile (AMAGRO), fundada en 2023, que hoy reúne a 392 mujeres de distintas regiones con el propósito de visibilizar su aporte y promover una mayor presencia femenina en espacios de toma de decisiones. Su trabajo ha puesto en evidencia una realidad persistente: aunque las mujeres constituyen una parte fundamental de la fuerza laboral agrícola —particularmente en etapas como la cosecha—, su participación en instancias estratégicas como congresos, mesas técnicas o convenciones sigue siendo limitada.


El fortalecimiento del liderazgo femenino continúa enfrentando desafíos importantes, entre ellos la sobrecarga de tareas domésticas y de cuidado, que restringe las posibilidades de capacitación y participación activa. Aún así, diversas iniciativas muestran avances concretos: el aumento sostenido de mujeres en carreras como Agronomía —donde, según datos del Ministerio de Educación, al 2022 superan el 50% de la matrícula—, junto con la consolidación de redes de apoyo y asociatividad, y el impulso de programas públicos orientados al empoderamiento económico y la formación de liderazgos en el mundo rural.


Políticas públicas y ejemplos que están marcando el camino hacia un agro más equitativo


Los esfuerzos institucionales también están generando impactos concretos. En julio de 2025, el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género junto con la Comisión Nacional de Riego (CNR) entregaron más de $365 millones en bonificaciones de riego con enfoque de género a agricultoras del Maule. La ministra Antonia Orellana afirmó en la ceremonia: “Estamos muy contentas por aumentar la cantidad de agricultoras que participan en los programas de apoyo del Estado, en particular del Ministerio de Agricultura. Es una de las metas que nos propusimos en el Plan de Igualdad y en el programa Chile para Todas, y hoy se concreta en esta entrega de bonos, que se traduce en más desarrollo para sus familias, sus comunas y para todo el país”.


En esa misma línea, INDAP ha fortalecido programas orientados a las mujeres rurales. En 2024, ellas representaron el 55,3% de las y los usuarios con asesoría técnica, lo que equivale a 6.712 agricultoras en la región del Biobío. Programas como Mujeres Rurales o las Escuelas de Lideresas han sido clave para fortalecer capacidades en emprendimiento, liderazgo, inteligencia emocional y comunicación, apuntando a una inserción más activa en el desarrollo rural.


La innovación también se ha convertido en un espacio estratégico para la inclusión. La Fundación para la Innovación Agraria (FIA) ha impulsado por casi dos décadas el Premio Mujer Agroinnovadora, además de redes como Conecta Mujer y acciones ligadas al nuevo Programa Mujer Agroinnovadora. Estas iniciativas buscan reducir las brechas de acceso a innovación, visibilizar el talento femenino y construir comunidades que potencien el desarrollo de soluciones sustentables en el agro.


Un futuro sostenible requiere equidad real


Diversos estudios internacionales y programas públicos en Chile coinciden en que la participación femenina es un factor relevante para avanzar hacia sistemas agroalimentarios más sostenibles. La evidencia muestra que, cuando las mujeres acceden a recursos productivos, capacitación y espacios de decisión en igualdad de condiciones, aumentan los niveles de eficiencia, diversificación y resiliencia en los sistemas agrícolas. Asimismo, su inclusión ha demostrado contribuir a una mejor adopción de prácticas sostenibles y a una gestión más integrada de los territorios rurales.


El desafío para el sector pasa por traducir este potencial en políticas efectivas, mayor acceso a recursos, oportunidades de liderazgo y condiciones laborales que permitan una participación más equitativa. En un mes en que la sostenibilidad y la gestión de personas son foco de análisis en GreenNetwork, los avances y brechas en equidad de género se presentan como un elemento central para proyectar el futuro del agro chileno. La evolución del sector dependerá, en parte, de su capacidad para integrar plenamente el talento y la experiencia de las mujeres en todas las etapas del sistema agroalimentario.

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