El retroceso de la sostenibilidad

Una ilusión efímera. Columna de Opinión de Eugenio Liu, asesor, consultor y profesor de Sostenibilidad, socio de tomate®consultores.
Los recientes ataques de Donald Trump contra las iniciativas ESG (medioambientales, sociales y de gobernanza) y la sostenibilidad han capturado la atención de los medios y generado efectos inmediatos en algunas empresas estadounidenses. Sin embargo, estos movimientos representan una coyuntura temporal que difícilmente trascenderá más allá de su actual mandato presidencial. El sistema político y judicial estadounidense ha demostrado ser más resiliente de lo que el mismo Trump parece considerar. Prueba de ello son los recientes fallos de tribunales federales, que han revertido múltiples decretos impulsados por Trump y por el nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), liderado por Elon Musk, que carecen de todo tipo de fundamentos y lógica. Entre estos:
• Recortes al financiamiento del Departamento de Justicia (DOJ): Una corte federal recientemente bloqueó el controvertido decreto de Trump, que pretendía reducir significativamente el presupuesto del DOJ, argumentando que la medida violaba la separación constitucional de poderes.
• Reducciones presupuestarias indiscriminadas en agencias críticas: En febrero de 2025, el juez Merrick Garland del Tribunal de Distrito de Washington D.C. revirtió la decisión de Trump de recortar fondos a agencias clave como la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), declarando que la medida invadía la autoridad presupuestaria constitucional del Congreso.
• Acciones del DOGE revertidas judicialmente: El DOGE también sufrió importantes derrotas en tribunales federales, particularmente la decisión del Tribunal del Noveno Circuito en enero de 2025, que anuló la cancelación de programas federales cruciales relacionados con el cambio climático y la salud pública, calificando estas acciones como "arbitrarias, caprichosas y contrarias al derecho federal".
Estos acontecimientos reflejan la fragilidad y lo transitorio que son estas decisiones de Trump, y reafirman que importantes iniciativas, como las que están vinculadas a la sostenibilidad siguen protegidas. Más allá del aspecto jurídico y regulatorio, la opinión pública y los consumidores continúan respaldando la importancia sobre temas existenciales que nos afectan a todos y demandan licencia social para operar tanto del sector público como del privado.
Las empresas que adopten una posición acrítica frente a la presión política ejercida por Trump y sectores republicanos corren el riesgo de enfrentar graves consecuencias económicas y reputacionales, como ya ha ocurrido con Tesla y su fundador, Elon Musk. Desde la reelección del presidente Trump, importantes firmas estadounidenses han anunciado retrocesos en sus compromisos ambientales y de diversidad. Wells Fargo, por ejemplo, ha abandonado recientemente su meta de emisiones netas cero para 2050, retirándose también de la Alianza Bancaria para el Cero Neto (Net-Zero Banking Alliance). Otros gigantes financieros como JPMorgan, Citigroup y Goldman Sachs han retrocedido igualmente en sus compromisos ambientales y de sostenibilidad, alineándose con la agenda política actual.
Desde Europa, sin embargo, esta aparente tendencia anti-sostenibilidad es percibida más bien como una reacción pasajera y no como una tendencia sostenible en el largo plazo. Si bien ciertas regulaciones se han modificado para reflejar ciertas realidades, lo cual es natural en este proceso de transformación por el que vivimos, la Unión Europea mantiene firmemente su enfoque en la sostenibilidad mediante estrictas regulaciones, tales como el Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR) y el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), imponiendo altos estándares ambientales para acceder al mercado europeo.
La experiencia negativa de Elon Musk es ilustrativa. Tras alinearse políticamente con Trump y asumir un papel relevante en el DOGE, Musk enfrentó una fuerte reacción pública. Las ventas de Tesla en Alemania cayeron en un 60% tras apoyar al partido político de extrema derecha AfD, causando pérdidas considerables. En Estados Unidos, el movimiento "TeslaTakedown" desencadenó ventas masivas de vehículos Tesla y una pérdida del 50% en el valor bursátil de la compañía hasta marzo de 2025.
Casi todas las acciones impulsivas e improvisadas tomadas por Trump y su gabinete—integrado por personas sin la calificación adecuada—han tenido resultados negativos. Ejemplos claros son la guerra comercial contra Canadá y México, los recortes en la Administración Federal de Aviación (FAA), el Departamento de Educación, entre otras. La ofensiva contra la sostenibilidad es, al igual que las anteriores acciones, una tendencia efímera. Las empresas que sigan estas políticas contrarias a la sostenibilidad sufrirán efectos adversos, especialmente aquellas que previamente eran líderes en la materia.
En Chile, algunos comentaristas, políticos y empresarios parecen sentirse alentados por las acciones recientes de Trump para avanzar en agendas anti-sostenibilidad. Sin embargo, sería un error estratégico para el resto del empresariado desacelerar sus esfuerzos en sostenibilidad, particularmente en sectores vulnerables como el agrícola.
Ignorar la tendencia global hacia la sostenibilidad y sus regulaciones asociadas es contraproducente. La experiencia internacional demuestra claramente que la sostenibilidad agrícola incrementa la productividad. Taiwán, por ejemplo, con su Plan Nacional de Agricultura Inteligente iniciado en 2015, ha logrado aumentar la productividad en cultivos clave, como el arroz, entre un 10%-15% mediante prácticas regenerativas. Además, la transición a métodos agrícolas orgánicos y regenerativos ha reducido costos operacionales entre un 25%-40% debido principalmente a una menor dependencia de agroquímicos, fortaleciendo así sus exportaciones hacia mercados altamente exigentes como Europa.
En 2024, las exportaciones agrícolas chilenas alcanzaron los US$11.414 millones (ODEPA, 2025). Considerando que las exportaciones hacia Europa representan aproximadamente entre el 20%-30% del total, podemos estimar que se exportaron productos agrícolas por un valor entre US$2.200 y US$3.300 millones. Esta cifra no es menor, especialmente si consideramos que el mercado europeo valora altamente los enfoques sostenibles y registra una creciente demanda de productos respetuosos con el medio ambiente.
El ataque contra la sostenibilidad impulsado por Trump constituye una tendencia política pasajera. Las empresas chilenas, en particular del sector agrícola, que adopten una visión cortoplacista enfrentarán importantes riesgos económicos y reputacionales. Apostar decididamente por la sostenibilidad, siguiendo modelos exitosos como los de Europa y Taiwán, será clave para asegurar rentabilidad y crecimiento sostenido en mercados internacionales.