Cómo el avance de la erosión de los suelos pone en riesgo la seguridad alimentaria
Chile enfrenta uno de sus desafíos ambientales más críticos, aunque a menudo invisible a los ojos de la ciudadanía: la erosión de los suelos. El Dr. Pablo Cornejo, experto en ciencias del suelo, advierte que este fenómeno representa quizás la crisis ambiental más grande del país, intensificada por eventos extremos como incendios, olas de calor e inundaciones que dejan la superficie terrestre vulnerable.
Por CEAF Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura
Según el Informe del Estado del Medio Ambiente de Chile 2021 -el último en considerar la erosión de los suelos de manera más profunda- “en Chile, cerca de 36,8 millones de hectáreas, equivalentes a 49,1% del territorio nacional, presentan algún grado de erosión”.
Este fenómeno se define como “el proceso de pérdida de capas o movimiento de partículas de éste, generado por agentes externos naturales principalmente el viento y el agua, así como los antrópicos, asociados al manejo de los suelos productivos”.
Pero, según el experto, este valor en lugar de verse frenado o disminuido ha ido en aumento, especialmente por la ocurrencia de otros tipos de degradación, como la salinización, la pérdida de materia orgánica y el avance de ambientes desérticos en la zona centro norte y norte de Chile.
La solución no es solo técnica, sino conceptual. El científico propone que debemos transitar hacia la materialización del concepto de “suelo vivo” como sinónimo de calidad del suelo. Un suelo vivo es aquel que posee una alta actividad biológica y una estructura protegida, y mientras mejores sean estos atributos, mayor será su capacidad productiva
“El suelo en sí tiene que ser mucho más protegido, más estructurado, tiene que tener mejor calidad… y el suelo vivo es sinónimo no sólo de calidad, sino de seguridad alimentaria, especialmente importante en el contexto actual donde el incremento de la población global requiere incrementar la producción de alimentos, en una superficie de suelos cada vez más limitada”, explica el experto.
La clave para mantener o generar un suelo vivo reside en la práctica totalidad de los casos en el aumento de la materia orgánica del suelo. Mientras más materia orgánica posee un suelo, este se vuelve más rico en nutrientes y biológicamente más activo.
En este proceso, las plantas cumplen un rol fundamental al ser las principales productoras de dicha materia. Y esta misma permanencia de vegetación permite mantener los suelos cubiertos, que es la mejor defensa contra la erosión causada por el viento y la lluvia sobre superficies desnudas.
Un aliado contra el calentamiento global
El manejo adecuado del suelo con un foco en el incremento de la materia orgánica ofrece además un “doble beneficio”. Sumado a la mencionada mejora de la producción agrícola, este incremento funciona como una de las herramientas más potentes contra el cambio climático, ya que toda esa materia orgánica generada proviene de la fotosíntesis, que utiliza el dióxido de carbono de la atmósfera, con lo que el aumento de la producción vegetal representa una salida del componente que por volúmen más efecto tiene en el efecto invernadero global.
Secuestro de Carbono: Al incorporar residuos orgánicos, compost y abono en lugar de quemarse, el carbono que las plantas capturaron de la atmósfera queda retenido en la tierra.
Impacto Global: Datos científicos sugieren que aumentar la materia orgánica de los suelos en un 0.4% a nivel global podría mitigar gran parte de los problemas derivados del cambio climático actual.
Pese a la gravedad de las proyecciones —que indican que la erosión sigue en aumento y aún no se ha logrado frenar, mucho menos revertir— existen metodologías sencillas para el reconocimiento de la calidad del suelo que pueden marcar la diferencia, y que deben ser divulgadas al medio en general, para crear conciencia sobre el cuidado del suelo.
El suelo es nuestro alimento
Finalmente, el experto hace un llamado a la conciencia sobre nuestra dependencia absoluta de este recurso. A diferencia del aire o el agua, cuya contaminación percibimos de forma más directa, la degradación del suelo suele ignorarse porque no lo consumimos directamente. Sin embargo, prácticamente todo lo que comemos proviene de él, incluso los productos marinos que dependen de los nutrientes transportados desde los suelos.
“Si seguimos con estos ritmos de degradación, pronto las hambrunas serán por la propia falta de suelo donde producir”, concluye Cornejo, enfatizando que la recuperación y el cuidado del suelo no es solo una opción ambiental o una actitud socialmente amigable, sino una necesidad de supervivencia para una población en constante crecimiento.
Fuente e imagenes: CEAF