Nuevas tendencias en sostenibilidad en el agro: el punto de partida que marca el año agrícola

21-01-2026

El sector agrícola comienza el año con una mirada puesta en los desafíos que vienen. La sostenibilidad deja progresivamente de ser un concepto aspiracional para posicionarse como un eje que articula innovación tecnológica, resiliencia productiva y seguridad alimentaria a nivel global.


El inicio del año agrícola encuentra al sector agroalimentario frente a un escenario de alta exigencia. El aumento de la población mundial, la presión sobre los recursos naturales y los efectos cada vez más visibles del cambio climático obligan a repensar cómo producir alimentos de manera eficiente, segura y responsable. En este contexto, el foco de 2026 está puesto en las nuevas tendencias de sostenibilidad aplicadas al agro, un enfoque que hoy se traduce en datos, tecnologías y modelos productivos concretos.


La urgencia es evidente. A nivel global, la agricultura enfrenta el desafío de aumentar la producción de alimentos en torno a un 70% hacia 2050, al mismo tiempo que debe reducir su impacto ambiental. Las cifras muestran un sistema tensionado: cerca de 295,3 millones de personas en 53 países enfrentaron hambre aguda el 2024, mientras que las emisiones agrícolas alcanzaron los 16.200 millones de toneladas de CO₂ equivalente, con una tendencia al alza respecto de las últimas décadas. Frente a este panorama, la sostenibilidad ya no se limita a buenas prácticas, sino que se integra como un eje estructural de innovación.


Innovación tecnológica al servicio de un agro más resiliente


Una de las principales tendencias que marcan este inicio de año es la consolidación de la agricultura regenerativa y de carbono como respuesta directa a la degradación de los suelos. La UNESCO advierte que, de mantenerse las prácticas actuales, hasta el 90% de la superficie terrestre podría estar degradada en 2050. Frente a ello, sistemas productivos basados en labranza mínima, cultivos de cobertura, rotaciones diversificadas y uso de biocarbón están ganando terreno, no solo por sus beneficios ambientales, sino también por su impacto económico. El mercado global de agricultura regenerativa proyecta un crecimiento sostenido, con una tasa anual cercana al 16% y un valor estimado de 5.770 millones de dólares hacia 2034.


En paralelo, la digitalización del agro se posiciona como un habilitador clave de la sostenibilidad. Tecnologías como el mapeo agrícola, la agricultura predictiva y los gemelos digitales permiten una gestión mucho más precisa de los recursos. El uso de imágenes satelitales, drones y sensores conectados a plataformas de inteligencia artificial posibilita monitorear en tiempo real la salud de los cultivos, optimizar el uso de agua y fertilizantes, y anticipar riesgos productivos. Se estima que más del 60% de las grandes explotaciones agrícolas adoptarán software basado en IA para la gestión de cultivos y la predicción de rendimientos, una señal clara de que la toma de decisiones basada en datos dejó de ser una promesa para transformarse en estándar.


Otro ámbito que gana protagonismo en la agenda de sostenibilidad es la trazabilidad alimentaria. Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 600 millones de personas se enferman cada año por consumir alimentos contaminados. Esta realidad ha impulsado la adopción de soluciones basadas en blockchain, IoT y rastreo de ADN, que permiten seguir el recorrido de los productos desde el campo hasta la mesa. Además de mejorar la seguridad alimentaria y la confianza del consumidor, estos sistemas contribuyen a reducir el desperdicio de alimentos hasta en un 20% a lo largo de la cadena de suministro, alineándose con los principios de eficiencia y economía circular.


Sostenibilidad, productividad y un nuevo estándar para el sector


La sostenibilidad en el agro también se expresa en la adopción de insumos más eficientes y de menor impacto ambiental. Los biofertilizantes avanzados, incluidos los desarrollos basados en nanotecnología y microorganismos benéficos, permiten reducir la dependencia de fertilizantes químicos hasta en un 40%, mejorando al mismo tiempo la salud del suelo y la absorción de nutrientes por las plantas. Este segmento muestra un crecimiento acelerado, con un mercado que podría superar los 4.700 millones de dólares en la próxima década.


Asimismo, la agricultura de interior y los sistemas de ambiente controlado emergen como alternativas relevantes frente al estrés hídrico. Un cuarto de los cultivos mundiales se produce actualmente en zonas con alta presión sobre el recurso agua, lo que ha impulsado soluciones como la hidroponía y la agricultura vertical. Estos modelos permiten producir durante todo el año, optimizar el uso del espacio y reducir significativamente el consumo hídrico y la huella de carbono asociada al transporte de alimentos.


En conjunto, estas tendencias reflejan un cambio profundo en la forma de entender la sostenibilidad agroalimentaria. Ya no se trata solo de mitigar impactos, sino de rediseñar los sistemas productivos para que sean resilientes, transparentes y capaces de responder a las exigencias regulatorias y sociales que marcan los mercados internacionales.


En GreenNetwork, durante los primeros meses del año, el foco estará puesto en analizar cómo estas tendencias globales se traducen en oportunidades concretas para el sector agro, con énfasis en su aplicación práctica y en los desafíos que implica avanzar hacia sistemas productivos más sostenibles.


Fuente:

https://opia.fia.cl/ 




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