La importancia de la biodiversidad para la agricultura sostenible

En un mundo enfrentado a desafíos como el cambio climático, el crecimiento demográfico y la degradación ambiental, la relación entre biodiversidad y agricultura se ha convertido en un tema clave para garantizar la seguridad alimentaria y la resiliencia de los sistemas productivos.
La biodiversidad, entendida como la variedad de formas de vida que habitan nuestro planeta —desde microorganismos hasta plantas, animales y ecosistemas completos—, es un pilar fundamental para la agricultura sostenible.
La biodiversidad como base de la agricultura sostenible
La agricultura depende intrínsecamente de los servicios ecosistémicos que proporciona la biodiversidad. Los polinizadores, como abejas y mariposas, aseguran la reproducción de muchas plantas cultivadas; los microorganismos del suelo descomponen materia orgánica y reciclan nutrientes; y las especies silvestres actúan como control natural de plagas. Sin esta red de interacciones, los sistemas agrícolas colapsarían o requerirían intervenciones artificiales costosas e insostenibles.
"La biodiversidad es el motor silencioso de la agricultura", afirma María Helena Semedo, subdirectora general de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). "Sin ella, no tendríamos alimentos, ni suelos fértiles, ni agua limpia". Estudios de la FAO estiman que cerca del 75% de los cultivos alimentarios mundiales dependen de la polinización, un servicio que genera entre 235 y 577 mil millones de dólares anuales a la economía global. Sin embargo, la intensificación agrícola, el uso excesivo de agroquímicos y la deforestación han puesto en riesgo esta riqueza natural, reduciendo la capacidad de los ecosistemas para sostener la producción a largo plazo.
La agricultura sostenible busca revertir esta tendencia integrando la conservación de la biodiversidad en las prácticas productivas. Esto implica desde la rotación de cultivos y el uso de variedades locales resistentes, hasta la creación de corredores ecológicos que conecten hábitats naturales con tierras agrícolas. El objetivo es doble: aumentar la resiliencia frente a fenómenos como sequías o plagas, y reducir el impacto ambiental de la actividad agrícola.
Casos de éxito globales
En el mundo, existen ejemplos inspiradores que demuestran cómo la biodiversidad puede transformar la agricultura en una aliada del medio ambiente:
Agroecología en Brasil: el caso de los pequeños productores En el estado de Paraná, Brasil, miles de pequeños agricultores han adoptado sistemas agroecológicos que combinan cultivos diversos con la conservación de bosques nativos. Un estudio de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) mostró que estas fincas, al integrar árboles frutales, cultivos de cobertura y ganado, aumentaron su productividad en un 30% mientras reducían la erosión del suelo y la dependencia de fertilizantes químicos. La biodiversidad local, incluidas especies de aves y murciélagos que controlan plagas, ha sido clave en este éxito.
Ganadería climáticamente inteligente en Ecuador En las tierras altas de Ecuador, un proyecto apoyado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial introdujo prácticas ganaderas sostenibles en más de 800 fincas. Los productores incorporaron pastos nativos y árboles en sus terrenos, lo que mejoró la biodiversidad del suelo y redujo las emisiones de gases de efecto invernadero en un 20%. Además, la producción de leche aumentó un 40%, demostrando que la conservación y la rentabilidad pueden ir de la mano.
Arrozales y biodiversidad en Japón En la prefectura de Niigata, los agricultores han revitalizado el cultivo tradicional de arroz en armonía con la biodiversidad. Al mantener humedales y canales en sus campos, han propiciado el regreso de especies como la cigüeña oriental, un ave que controla insectos dañinos. Este enfoque, respaldado por el programa Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) de la FAO, no solo ha preservado la diversidad biológica, sino que ha elevado el valor de mercado del arroz gracias a su certificación ecológica.
Expertos de distintas latitudes coinciden en que la biodiversidad es esencial para una agricultura resiliente, aunque sus enfoques varían según los contextos:
Dr. Rattan Lal (Premio Nobel de la Paz 2007): Este científico del suelo, profesor emérito de la Universidad Estatal de Ohio, subraya la importancia de la biodiversidad subterránea. "Los microorganismos del suelo son los héroes olvidados de la agricultura. Un suelo sano, rico en diversidad microbiana, puede secuestrar carbono, mejorar la fertilidad y reducir la necesidad de insumos químicos", señala. Lal aboga por prácticas regenerativas que imiten los procesos naturales.
Dra. Vandana Shiva (India): Activista y ecofeminista, Shiva defiende la agrobiodiversidad como un acto de soberanía alimentaria. "La monocultura industrial destruye la diversidad y esclaviza a los campesinos a corporaciones. Recuperar semillas locales y sistemas tradicionales es la única vía hacia una agricultura sostenible", asegura, citando el éxito de los bancos de semillas comunitarios en India.
Dr. Emile Frison (Bélgica): Exdirector de Bioversity International, Frison destaca el rol de la diversidad genética en los cultivos. "En un mundo con climas extremos, necesitamos variedades que resistan sequías, inundaciones o enfermedades. Esa diversidad está en la biodiversidad agrícola, no en los laboratorios", argumenta, refiriéndose a proyectos que han rescatado cultivos olvidados en África y Asia.
La perspectiva chilena: desafíos y oportunidades
Chile, con su geografía diversa que abarca desde el desierto de Atacama hasta los bosques patagónicos, alberga cerca de 31,000 especies, de las cuales un 25% son endémicas. Sin embargo, su modelo agrícola intensivo, centrado en exportaciones como frutas y vinos, ha generado tensiones con la conservación de la biodiversidad.
Conclusión: un equilibrio posible
La biodiversidad no es un lujo, sino una necesidad para la agricultura sostenible. Casos como los de Brasil, Ecuador y Japón demuestran que integrar la conservación en los sistemas productivos no solo es viable, sino rentable y resiliente. En Chile, los avances en viticultura orgánica y acuerdos de producción limpia son pasos en la dirección correcta, pero el país necesita escalar estas iniciativas y adoptar una visión ecosistémica más amplia.
Como señala Vandana Shiva, "la agricultura del futuro debe ser una danza con la naturaleza, no una guerra contra ella". Expertos globales y chilenos coinciden en que el camino pasa por valorar los servicios ecosistémicos, empoderar a los pequeños productores y alinear las políticas públicas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En un planeta al límite, la biodiversidad no solo asegura nuestro alimento, sino nuestra supervivencia como especie. El desafío está planteado: ¿sabremos responder a tiempo?