Fundación Banco de Alimentos Lo Valledor impulsa la recuperación de alimentos como modelo para el agro

En el mes dedicado a la reducción del desperdicio de alimentos en el agro, conversamos con Hugo Espinosa Arratia, Director Ejecutivo de la Fundación Banco de Alimentos Lo Valledor, para conocer la experiencia de esta institución en el rescate y redistribución de productos, un ejemplo de cómo el sector puede aportar a la seguridad alimentaria y la sostenibilidad.
En Chile, millones de kilos de frutas y verduras aptas para el consumo se pierden cada año antes de llegar a la mesa. Frente a este desafío, la Fundación Banco de Alimentos Lo Valledor se ha consolidado como un referente en la recuperación y redistribución de alimentos, trabajando junto a organizaciones sociales y actores privados para darles un nuevo destino.
En esta entrevista, profundizamos en su modelo, los resultados alcanzados y las oportunidades que abre para reducir el desperdicio de alimentos en el agro.
¿Cómo surge la iniciativa de crear un banco de alimentos en Lo Valledor y cuál es su principal objetivo?
La idea de crear un Banco de Alimentos para recuperar aquellos productos que no se comercializaban en el Mercado Mayorista Lo Valledor, surge de las empresas que conforman el Mercado Hortofrutícola más importante de nuestro país, Comunidad Feria Lo Valledor, Administradora de Mercado SpA, Comunidad Feria Lo Valledor S.A. y Gestión Inmobiliaria Lo Valledor Spa., siendo su presidente, Don Luis Castro Torres.
Es así como en el marco de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, el Mercado Mayorista Lo Valledor, buscó implementar un programa de economía circular que permitiera valorizar los excedentes generados en su operación diaria. En el año 2016 muchas partidas de frutas y verduras, todavía aptas para el consumo humano, eran descartadas por razones comerciales, como: maduración avanzada, calibre o presentación.
Al mismo tiempo, mucha gente acudía a buscar su alimento en los contenedores de residuos, exponiéndose a productos que no contaban con las medidas de inocuidad adecuadas. También aparecían personas que intentaban rescatar lo mejor para revender. Frente a esta realidad, nos propusimos dignificar el acceso al alimento, asegurando que llegara a quienes realmente lo necesitaban.
Comenzamos conversando con los comerciantes, quienes nos avisaban cada vez que tenían partidas en buen estado que no serían vendidas. Tras inspeccionarlas, pudimos destinarlas a consumo humano y organizar un catastro de las personas y organizaciones que necesitaban apoyo. Así nació en el año 2016 el programa piloto “Recuperación Alimentaria”, con el que rescatamos 100 toneladas de productos. Al año siguiente fueron 400, luego 700, y en el año 2019 ya habíamos alcanzado cerca de 900 toneladas, entregadas a 60 organizaciones legalmente constituidas que beneficiaban a más de 20.000 personas.
Ese mismo año se decidió dar un paso más y constituir la Fundación Banco de Alimentos Lo Valledor, el segundo banco de alimentos del país, con dos objetivos principales: recuperar alimentos y entregarlos a quienes no tienen asegurado su sustento diario, y generar alianzas que fortalezcan el trabajo de las organizaciones sociales que apoyamos, mejorando así la calidad de vida de sus beneficiados.
Hoy, en 2025, podemos decir que ambos objetivos estarían plenamente cumplidos.
¿Qué tipo de productos se recuperan y bajo qué criterios se determina que aún son aptos para el consumo?
Comenzamos recuperando frutas y verduras, que hasta hoy siguen siendo la base de nuestro trabajo. Actualmente recibimos, gracias al aporte solidario de comerciantes y locatarios del Mercado, alrededor de 70 toneladas mensuales de estos productos. Para asegurar su condición, en el año 2016 incorporamos a una ingeniera en alimentos como jefa de operaciones, quien inspecciona cada partida y determina cuáles están aptas para el consumo humano. De esta forma, logramos que prácticamente el 100% de lo recibido pueda aprovecharse.
Cuando algún producto no es apto para consumo humano, igualmente tiene un destino dentro de nuestro programa de economía circular. Parte se deriva a alimentación animal, beneficiando a crianceros de la Región Metropolitana y la Región de Valparaíso. Otra fracción se envía a compostaje, a través de un convenio con la empresa Megambiente, que transforma estos excedentes en compost de alta calidad. Una parte de ese compost vuelve al Mercado en sacos que ponemos a disposición de agricultores locales para mejorar sus suelos.
Con el tiempo, el trabajo se ha ampliado más allá de frutas y verduras. Hoy también recibimos aportes de la industria alimentaria y de supermercados, lo que nos permite diversificar lo que entregamos a las organizaciones sociales: lácteos en distintas variedades, abarrotes, artículos para el desayuno, productos de aseo, entre otros. Esto ha hecho posible llegar con una canasta mucho más completa.
Además, como integrantes de la Comisión Nacional para Prevenir y Reducir la Pérdida y Desperdicio de Alimentos, dependiente de Odepa del Ministerio de Agricultura, interactuamos con otros actores de la cadena alimentaria. Allí se pierden grandes volúmenes de alimentos por vencimiento, empaques defectuosos, rechazos de control de calidad o productos fuera de temporada. Cada uno de estos casos representa una oportunidad para rescatar alimentos y destinarlos a consumo directo.
Finalmente, hemos querido dar un paso más. Nuestro trabajo no se limita a entregar alimentos: también desarrollamos campañas sociales en alianza con universidades y otras instituciones, que permiten poder realizar operativos de salud, kinesiología, nutrición, capacitaciones para la correcta manipulación y conservación de los alimentos, así como distintas campañas de recolección de libros, ropa, entrega de leche en hogares de niños, pañales en hogares de adultos mayores e incluso catres clínicos. Nos hemos convertido en un banco de alimentos con un enfoque 100% social, algo que nos diferencia y de lo cual estamos muy orgullosos.
¿Cómo es el proceso logístico para recolectar, clasificar y distribuir estos alimentos?
Cuando los comerciantes del Mercado tienen partidas que van a descartar y desean donar, nos avisan de inmediato. Nuestro equipo acude a sus bodegas o puestos comerciales, inspecciona los productos y, si están en buenas condiciones para consumo humano, los retira y traslada a nuestras instalaciones.
Una vez en las instalaciones del Banco de Alimentos, las organizaciones beneficiadas tienen asignados días y horarios específicos para retirar alimentos: algunas lo hacen semanalmente, otras cada quince días y otras de manera mensual. En cada visita, las propias organizaciones participan en un voluntariado de selección, donde traspasan los productos a envases más pequeños, separando aquellos que no cumplen con los criterios y que son derivados a los otros programas de economía circular (alimentación animal y compostaje). Todo lo que ingresa y sale se pesa rigurosamente, y nuestros registros siempre se llevan en kilos de producto.
Cada organización cuenta además con un KPI de control, que equivale a la cantidad de kilos que puede retirar mensualmente. Esta cifra se define en base a la recomendación de la FAO de consumir “5 al día” (tres porciones de verduras y dos de frutas), lo que equivale a alrededor de 19 kilos por persona en un mix de productos.
Finalmente, evaluamos la capacidad de almacenamiento y transporte de cada organización, ya que no es lo mismo retirar alimentos en un vehículo pequeño que en un camión con refrigeración. Según estas condiciones, se ajusta la frecuencia de retiro para asegurar que los productos se conserven en buen estado hasta llegar a quienes los necesitan.
La entrega de los alimentos se realiza en forma “gratuita”, es decir, la organización beneficiada, no asume ningún costo por el retiro de estos productos.
¿Con qué organizaciones y productores trabajan habitualmente y cómo se define quién recibe la ayuda?
Nuestros principales aliados son los comerciantes y locatarios del Mercado Lo Valledor. Son ellos quienes dieron origen a esta iniciativa y quienes la hacen posible día a día con sus aportes solidarios. Nosotros solo somos un puente que permite que esa ayuda llegue a quienes realmente la necesitan.
Además, hemos establecido convenios con empresas como Walmart, Nestlé, Soprole, Colún, Prisa, entre otras, lo que nos permite diversificar y fortalecer la oferta de alimentos y productos que entregamos.
En cuanto a las organizaciones beneficiadas, definimos desde el inicio criterios muy claros. Solo apoyamos a instituciones legalmente constituidas, con personalidad jurídica, domicilio conocido y directorio validado. Para postular, deben completar un formulario con información básica de la organización, el que debe ser respaldado por la documentación correspondiente, y nuestro equipo visita sus instalaciones para verificar esta información y conocer más en detalle su funcionamiento.
También exigimos que su foco de ayuda esté en la atención de niños, adultos y adultos mayores en situación de vulnerabilidad, y que no cuenten con redes de apoyo suficientes. En este marco, apoyamos hogares de menores, residencias de adultos y adultos mayores, comedores solidarios, ollas comunes, albergues, casas de acogida y campamentos.
¿Qué resultados concretos han alcanzado en términos de volumen recuperado e impacto social en las comunidades beneficiadas?
En términos de volumen, partimos con cerca de 100 toneladas anuales en el año 2016, y en el 2019, ya constituidos como Fundación Banco de Alimentos Lo Valledor, alcanzamos alrededor de 900 toneladas. Durante la pandemia los volúmenes bajaron debido a las medidas impuestas por la Autoridad Sanitaria, pero jugamos un rol clave al asegurar alimentos a miles de familias, apoyando especialmente a las Ollas Comunes, que surgieron espontáneamente en barrios vulnerables para enfrentar la crisis.
Con la recuperación post pandemia, volvimos a crecer: en el año 2022 cerramos con casi 900 toneladas y este año esperamos superar el millón de kilos de alimentos recuperados. Estos resultados nos han consolidado como el primer Banco de Alimentos con un enfoque 100% social, lo que nos ha convertido en un referente tanto en Chile como en Latinoamérica. De hecho, en 2022 fuimos anfitriones de una jornada del Primer Encuentro de Bancos de Alimentos de Latinoamérica y el Caribe, y este año participaremos en su segunda versión en Brasil.
Nuestro impacto también ha sido en el ámbito de la innovación y la investigación. El año 2019 en conjunto con la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Bernardo O’Higgins, postulamos al Concurso FIC R-2019 del Gobierno Regional Santiago, lo que nos permitió instalar una planta piloto que transforma tallos y hojas de hortalizas, como betarraga, tomate, brócoli y apio, en sopas concentradas 100% naturales, con alto valor nutricional. Esto nos puso a la vanguardia en la región, mostrando cómo los excedentes pueden convertirse en productos nuevos y saludables.
En la actualidad, la Planta se transformó en un Laboratorio de Investigación y Desarrollo, en la que alumnos de dicha Universidad investigan el aprovechamiento de los excedentes alimenticios, transformándolos en nuevos alimentos.
Es así, como en nuestras instalaciones se realiza anualmente, la Feria de Innovación Alimentaria, en la que se presentan propuestas de alimentos muy interesantes e innovadoras.
Además, hemos acompañado a otras instituciones en la creación de iniciativas similares. En el año 2019 apoyamos a la Municipalidad de Cerro Navia a crear el primer Banco de Alimentos Comunal del país, que hoy recupera unas 400 toneladas al año en beneficio de sus vecinos. También estamos colaborado con la Municipalidad de Cerrillos para la creación de su Banco de Alimentos y hemos apoyado al Ministerio de Desarrollo Social en la creación de ecomercados y microbancos de alimentos.
Todo este trabajo responde a un desafío global: la FAO nos recuerda que un tercio de la producción mundial de alimentos se pierde. Nosotros creemos que Chile no es ajeno a esa cifra y queremos que nuestra experiencia sirva de inspiración para que más instituciones avancen en la misma línea.
Desde su experiencia, ¿qué barreras existen para ampliar este modelo en otros eslabones de la cadena agroalimentaria?
Existen varios factores. En primer lugar, falta un mayor compromiso de la sociedad civil. En países como Colombia o México, la ciudadanía se involucra activamente en apoyar iniciativas de Bancos de Alimentos porque entienden el trasfondo social que hay detrás. Cuando la ayuda deja de ser un esfuerzo aislado y pasa a ser un compromiso colectivo, adquiere otra relevancia. En Chile, en cambio, partimos tarde y aún queda mucho camino por recorrer en términos de concientización y participación social.
En segundo lugar, está el rol del Estado. Creemos que la redistribución de excedentes agroalimentarios debiera transformarse en una política pública. Hoy existen avances puntuales, como los microbancos y ecomercados, pero falta un mayor incentivo y voluntad política. No puede ser que, teniendo cientos de municipios en Chile, solo uno —Cerro Navia— haya implementado un Banco de Alimentos. Y no se trata de recursos económicos, sino de voluntad y continuidad en la gestión, como lo ha demostrado esa comuna con un presupuesto limitado pero un compromiso sostenido de sus autoridades.
En tercer lugar, está el empresariado. Falta que más empresas comprendan el beneficio real de entregar aquellos alimentos que no logran vender. Muchas veces se evita donar por temor a “transparentar ineficiencia”, cuando en realidad el enfoque debiera ser distinto: entender que la responsabilidad social va más allá de los números del balance, y que el impacto positivo que genera en comunidades vulnerables, es incalculable.
¿Cómo visualizan el futuro de la recuperación de alimentos en Chile y qué rol puede jugar el agro en esta transformación?
Desde el año 2019 en la Comisión Nacional para Prevenir y Reducir la Pérdida y Desperdicio de Alimentos, hemos recorrido un camino bastante exitoso. Cuando partimos no había nada: no existían cifras ni lineamientos claros. Hoy hemos ido avanzando en distintos frentes, con el aporte de distintos actores de la cadena alimenticia, como son los agricultores, los que elaboran, los que realizan transporte y almacenamiento, los que comercializan, las agrupaciones de supermercados, instituciones sectoriales, ministerios, investigadores y la academia, lo que ha sido fundamental tanto en investigación y desarrollo como en la generación de normativas para la correcta manipulación y regulación de los alimentos.
Las iniciativas que hoy existen a nivel nacional en recuperación de alimentos son muy importantes, pero creo que todavía falta algo clave: una mesa de trabajo sectorial. Necesitamos un espacio donde todas las organizaciones que estamos impulsando este tema podamos reunirnos, compartir experiencias, unificar criterios y potenciar lo que ya hace la Comisión Nacional dependiente de ODEPA. De lo contrario, cada iniciativa, es un trabajo aislado, cuando en realidad todos compartimos el mismo objetivo: contribuir por una parte a reducir la pérdida y desperdicio de alimentos, y entregarlos a quienes viven inseguridad alimentaria.
Lo que hizo ODEPA al invitar a la academia, a los sectores productivos —pesca, fruta, leche, etc—, a los supermercados y a otros actores, es un ejemplo del camino que debemos seguir. Esa representatividad ha sido el gran éxito de la comisión, y lo mismo deberíamos replicar en la recuperación de alimentos. En el norte, en el sur, en cada territorio, ya existen experiencias que podríamos alinear bajo una misma línea de trabajo común.
Esa es también la apuesta que estamos haciendo a nivel internacional: en septiembre, en Brasil, vamos a completar la creación de la Red de Bancos de Alimentos de Latinoamérica y el Caribe. Todos compartimos la misma motivación y en la medida que nos unimos, avanzamos más rápido.
En síntesis, el futuro de la recuperación de alimentos en Chile y en la región pasa por la articulación, la cooperación y el trabajo conjunto con el agro y con todos los actores de la cadena. Solo así lograremos avanzar con mayor rapidez y responder a una necesidad urgente como es la seguridad alimentaria.
La visión de la Fundación Banco de Alimentos Lo Valledor nos recuerda que enfrentar el desperdicio de alimentos en el agro va más allá de recolectar excedentes: implica generar conciencia, articular a productores, distribuidores y consumidores, y transformar lo que antes era pérdida en una oportunidad de impacto social. En este Mes del Desperdicio de Alimentos en GreenNetwork, su trabajo nos inspira a mirar la cadena productiva con responsabilidad y empatía, entendiendo que cada acción cuenta para avanzar hacia un sistema agrícola más justo, sostenible y solidario.