El "Niño Godzilla" llega en 2026: qué significa para la agricultura chilena
Chile enfrenta uno de los eventos climáticos más intensos en décadas. El fenómeno El Niño podría alcanzar categoría "Godzilla" este invierno, con lluvias extremas que amenazan cultivos, suelos y la producción frutícola y vitivinícola del país.
Cuando los meteorólogos empiezan a usar el nombre de un monstruo japonés para describir un fenómeno climático, conviene prestar atención. El llamado "Niño Godzilla" no es una categoría científica oficial, sino un apodo que la comunidad especializada y los medios de comunicación utilizan para referirse a una versión extremadamente intensa del fenómeno El Niño, uno de los eventos climáticos más relevantes del planeta. Y en 2026, todo indica que podría estar de regreso.
¿Qué es y por qué se llama así?
El "Niño Godzilla" no corresponde a un fenómeno distinto, sino a una forma de denominar un evento de El Niño particularmente fuerte. Este ocurre cuando las temperaturas del océano Pacífico ecuatorial aumentan por sobre lo normal, alterando los patrones climáticos en distintas partes del mundo.
En los últimos 50 años han ocurrido solo tres eventos de esta categoría, con antecedentes similares en 1997-1998 y 2015-2016. Cuando el calentamiento supera los 2 grados por encima de los valores típicos, puede ocasionar catástrofes de gran magnitud.
El apodo nació precisamente de esa capacidad de destrucción simultánea y de gran escala: así como Godzilla en las películas afecta ciudades enteras, este fenómeno altera simultáneamente el clima en distintas partes del mundo, provocando lluvias intensas en algunas regiones, mientras que en otras genera sequías severas, incendios forestales y pérdidas agrícolas.
Lo que dicen los expertos para Chile
El meteorólogo Jaime Leyton advirtió que los modelos climáticos internacionales coinciden en que el océano Pacífico comenzará a mostrar temperaturas sobre lo normal a partir del trimestre abril-mayo-junio, lo que marcaría el fin de la neutralidad y el inicio de un evento activo. Las precipitaciones más relevantes se comenzarían a sentir hacia fines de otoño y durante el invierno, con el periodo más lluvioso concentrado entre junio y agosto.
Sin embargo, hay matices importantes. El climatólogo Raúl Cordero, académico del Departamento de Física de la Universidad de Santiago, señala que "no está claro que va a ser un Niño Godzilla; vamos a tener que ver la intensidad de este fenómeno, y para eso tendremos que esperar varios meses. Pero sí, lo que tenemos claro es que tendremos precipitaciones sobre valores normales".
La meteoróloga Michelle Adam, de Canal 13, advirtió que los efectos podrían extenderse más allá del invierno, afectando también al verano de 2027, con olas de calor históricas y temperaturas extremadamente altas.
El campo chileno en alerta
Para la agricultura nacional, las consecuencias pueden ser de doble filo. El exceso de humedad supone un riesgo latente para los cultivos, y la influencia de este calentamiento oceánico amenaza con extenderse mucho más allá de los meses tradicionales de invierno, alcanzando la primavera con posibles chubascos en septiembre.
El fenómeno de El Niño deja un saldo mixto para Chile: puede aliviar en parte la sequía acumulada de la última década, pero al mismo tiempo afecta la producción frutal debido a una primavera más fresca y húmeda.
Las lluvias concentradas en lapsos breves —uno de los rasgos característicos del fenómeno— representan un riesgo adicional. Las precipitaciones intensas en suelos con pendiente favorecen la erosión y los aluviones, dañan la infraestructura de riego y pueden arruinar cosechas en pleno proceso. Al mismo tiempo, una recarga importante de acuíferos y embalses podría beneficiar a regiones que llevan años con déficit hídrico severo, como la zona centro-norte del país.
Un patrón que se intensifica
El fenómeno no ocurre en el vacío. La meteoróloga Adam destacó que el cambio climático ha intensificado estos eventos, ya que "los últimos once años el planeta se ha calentado a niveles extremos" y el mundo ya se encuentra en desequilibrio.
Para el sector agrícola chileno, que utiliza alrededor del 80% del agua disponible en el país, la adaptación no es opcional. La gestión eficiente del recurso hídrico, el refuerzo de sistemas de drenaje, la diversificación de cultivos y los seguros agrícolas se vuelven herramientas indispensables ante un panorama que los modelos climáticos describen con creciente claridad.
El monstruo está en camino. La pregunta es qué tan preparado está el campo chileno para recibirlo.