Co-Creando un futuro sostenible para la producción de Arroz en Chile
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Carozzi, Tucapel y el INIA se unen con agricultores y el FLAR para impulsar la variedad de arroz JASPE, promoviendo la sostenibilidad y adaptación al cambio climático en la producción agrícola chilena.
Recientemente, representantes del Ministerio de Agricultura, industria y productores se unieron para firmar un acuerdo que busca impulsar la producción de arroz JASPE, una nueva variedad que promete ser una solución más sostenible para el sector agrícola chileno.
Esta iniciativa es el resultado de un esfuerzo colaborativo entre el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), el Fondo Latinoamericano de Arroz bajo Riego (FLAR), y las empresas Tucapel y Carozzi, con un enfoque claro en la sostenibilidad y la resiliencia frente al cambio climático.
Del INIA explican que el desarrollo de la variedad Jaspe es un ejemplo palpable del impacto positivo de la investigación agronómica en la producción. “Jaspe, con su menor ciclo, permitirá realizar siembras en fechas más flexibles, ayudando a los agricultores a adaptarse a imprevistos climáticos”.
El uso de agua en la producción de arroz es un tema crucial en Chile, donde la crisis hídrica ha cobrado relevancia en los últimos años. Actualmente, la producción de arroz es intensiva en agua, con un consumo que puede alcanzar 23.000 m³/ha, lo que plantea serios desafíos en un país que ha enfrentado sequías significativas durante más de una década.
La producción de arroz es también responsable del 10-12% de las emisiones globales de metano, un gas que contribuye significativamente al calentamiento global. La implementación del Sistema de Intensificación del Arroz (SRI) busca mitigar estos impactos. Este método agroecológico se basa en el manejo eficiente del agua y el suelo, promoviendo prácticas que han demostrado reducir el uso del agua en más de un 50% en comparación con los métodos tradicionales, logrando rendimientos similares.
Fernando Estebanez, gerente de la División de Abastecimiento de Carozzi, apuntó que “la falta de agua y el cambio climático nos imponen desafíos constantes, pero nuestra colaboración con los agricultores, basada en principios de sostenibilidad, es esencial para superar estos obstáculos”. El enfoque de co-innovación fomenta un intercambio de conocimientos y recursos, permitiendo que los agricultores se adapten a las nuevas exigencias del mercado y del medio ambiente.
Los agricultores han sido abiertos sobre los retos que enfrentan, incluyendo la disminución del área cultivada y la presión económica que sienten. Mencionaron que muchos productores han reducido sus superficies de cultivo o incluso han optado por otros cultivos más rentables y menos demandantes en recursos hídricos. Al respecto, un grupo de agricultores que participó en la jornada de campo expresó que “hay que buscar alternativas que nos ayuden a sobrellevar la crisis hídrica y nos permitan seguir produciendo de manera rentable”.
Según un estudio de campo reciente, se ha evidenciado que los métodos de producción tradicionales se están volviendo insostenibles. Las jornadas de campo, organizadas por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en conjunto con el INIA, reunieron a más de 200 productores e investigadores, quienes intercambiaron prácticas y estrategias para enfrentar estos desafíos.
El desarrollo de la variedad Jaspe y la aplicación del SRI ilustran cómo la colaboración y la innovación pueden transformar el paisaje agrícola chileno en pro de una producción más adaptable y sostenible. La implementación de tecnologías como el riego por goteo y el uso de control mecánico de malezas demuestra el compromiso del sector agrícola para enfrentar la crisis climática de manera efectiva.
Con la cosecha del ciclo actual a la vista, los resultados de estos esfuerzos comienzan a manifestarse, ofreciendo un panorama esperanzador para los agricultores y el país. "La producción de arroz es responsable de aproximadamente el 10% de todas las emisiones del sector agrícola, y también de alrededor del 10% de las emisiones globales de metano", afirmaron especialistas en la temática, enfatizando la importancia de estas innovaciones no solo para los agricultores, sino también para la salud del medio ambiente.
“Para impulsar el cambio en las prácticas, se requiere una variedad de incentivos. Por ejemplo, la creación de fuentes de ingresos adicionales para los agricultores, la optimización del uso del agua a través de políticas o intervenciones a nivel de mercado y la introducción de variedades biofortificadas para mejorar el valor nutricional son soluciones potenciales”, agregó Andrea García, Directora de ODEPA,
Queda claro que la transición hacia un modelo agrícola más sostenible en Chile es un reto monumental, pero a la vez, una oportunidad dorada para redefinir las prácticas agrícolas de manera que se alineen con las necesidades ambientales y socioeconómicas actuales. Las partes interesadas siguen trabajando juntas para encontrar soluciones viables, con el firme objetivo de transformar la producción de arroz en el país hacia un futuro más sostenible y resiliente.
Los asistentes a las jornadas de campo también discutieron la necesidad de diversificar las prácticas agrícolas. "La práctica de la rotación de cultivos, como dejar el campo en barbecho o plantar cultivos diferentes, ayudará a reducir la presión de las malezas", afirmaron expertos en el área. Esto no solo contribuye a un manejo más inteligente del suelo, sino que también refuerza la biodiversidad en las áreas de cultivo.
Seis grupos de innovación participativa, que reúnen de 10 a 20 agricultores en diferentes comunidades, se han formado para fomentar prácticas sostenibles. En estos grupos, un líder ha establecido una hectárea bajo los principios del SRI, y se reúnen mensualmente para observar, evaluar y reflexionar sobre las prácticas y el desarrollo de los cultivos. Esta interacción constante entre agricultores e investigadores es clave para el intercambio de información y la búsqueda de soluciones a los desafíos presentes en el campo.
"A medida que exploramos nuevas técnicas, como el riego por goteo superficial y subterráneo en SRI, buscamos reducir aún más el uso de agua, con un objetivo de menos de 10,000 litros por hectárea", comentaron del INIA. La implementación de estas innovaciones podría ser un punto de inflexión en la producción de arroz, especialmente en un contexto de escasez hídrica.
El camino hacia la sostenibilidad no es sencillo, y se reconoce la necesidad de un enfoque integral que aborde no solo la tecnología agronómica, sino también el sistema más amplio en el que operan los agricultores. “Es esencial que los agricultores reciban el apoyo necesario para gestionar los riesgos asociados con el cambio de prácticas que han utilizado durante décadas”, enfatizaron del comité organizador. Incentivar este cambio es fundamental para asegurar que los agricultores continúen viendo valor en la producción de arroz y mantengan un compromiso con las mejores prácticas ambientales.
A medida que el sector agrícola chileno avanza en esta dirección, se plantea un compromiso férreo de explorar y adoptar variedades biofortificadas que no solo mejoren la productividad, sino que también aporten un valor nutricional adicional a la población. Estas variedades podrían ofrecer alternativas más saludables y contribuir a una mayor seguridad alimentaria en Chile, donde, a pesar de la producción local, aún se depende de las importaciones para satisfacer el consumo.
Por último, la cosecha del ciclo actual será un momento crucial para evaluar el éxito de las prácticas implementadas y su impacto en la producción de arroz en el país. “Estamos ansiosos de ver los resultados de rendimiento que surgirán tanto en las estaciones experimentales como en los campos de los agricultores. Cada avance cuenta en este esfuerzo colectivo por un futuro más sostenible”, concluyeron los organizadores de las jornadas de campo.
Con desafíos aún por delante, el compromiso continuo de colaboración entre el sector público, los agricultores y la industria es esencial para construir un sistema alimentario en Chile que sea más resiliente, inclusivo y, sobre todo, sostenible. Estas iniciativas son un ejemplo claro de que, trabajando juntos, es posible enfrentar los desafíos del cambio climático y asegurar un futuro más próspero para todos los involucrados en la cadena de producción de arroz.